Pura o aplicada, un falso debate matemático

 

La matemática en sus orígenes era una disciplina práctica. Los escribas egipcios o los sacerdotes babilónicos -las únicas castas ilustradas- recopilaron conocimientos matemáticos para llevar la contabilidad, para ejecutar las obras públicas complejas, para recomponer las crecidas del Nilo, o para establecer las bases astronómicas de los calendarios.

Conforme pasa el tiempo los propios sacerdotes y escribas van dando un carácter místico al saber matemático. El preámbulo del papiro Rhind (hace 4000 años) habla de la disciplina matemática como reveladora de misterios profundos de las cosas. El gusto por la ciencia en sí misma ha empezado.

La Grecia clásica lleva la matemática al virtuosismo, consiguiendo una belleza que ha hecho que se pueda comparar una tragedia de Esquilo o una escultura de Fidias con Las cónicas de Apolonio.

Fue la matemática árabe –desarrollada en una civilización dinámica y mercantil- la que inserta la matemática aplicada otra vez en la vida cotidiana. Europa Occidental, otra sociedad mercantil, toma el relevo de los árabes. Figuras como Galileo que se mete en los astilleros venecianos para aprender artes prácticas es un ejemplo.

Grandes matemáticos como Pascal o Leibniz no desdeñaban las artes mecánicas. Pero conforme la disciplina se ensancha, las motivaciones del matemático se diversifican: unos sacan sus ideas de problemas físicos y otros se inspiran en cuestiones abstractas de la propia disciplina.

Los ejemplos extremos de tipos de matemáticos son Fourier y Jacobi, un francés y un alemán casi contemporáneos. Ambos se conocieron en 1829 en Paris. Fourier debe su fama a un maravilloso libro práctico que se llama Teoría Matemática del Calor, y Jacobi con Abel desarrolla la teoría de las funciones elípticas. Fourier hace matemáticas enfrentándose a un problema físico, mientras que Jacobi dice que trabaja en honor del espíritu humano.

Curiosamente el siglo XX ha demostrado que teóricos y prácticos han sido igual de útiles para el bienestar. Einstein se paraba cuando le faltaban matemáticas. Su grito de ¡necesito más matemáticas!, revela su angustia por no encontrar una teoría que le ayude a explorar los misterios de la naturaleza.

Sorprende que en un mundo dominado por los números esté todavía tan extendida la pregunta escolar de para qué sirve esto. La respuesta es la de ¡mira! Galileo ponía el anteojo pero muchos se negaban a mirar.

Esta disquisición sobre teoría y práctica es por la presentación reciente del Informe sobre Mathematics in Industry que patrocina la OCDE, en él se recogen algunas aplicaciones de los matemáticos prácticos. Si bien aquellos matemáticos que creen hacer sólo poesía y belleza y que no prestan atención a las aplicaciones son tan absolutamente imprescindibles como los que están remangados del informe.

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Acerca de angelrequena

Profesor jubilado de matemáticas
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